miércoles, 31 de diciembre de 2025

Educar para la infelicidad

 



Acabo de leer "El hombre en busca de sentido" de Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo que vivió entre 1905 y 1997. Se doctoró en medicina y filosofía por la universidad de Viena, obtuvo más de 20 doctorados honoris causa por universidades de todo el mundo, incluidas las prestigiosas Stanford y Harvard. Fundo la Logoterapia, considerada la tercera escuela de psiquiatría vienesa. Las otras dos fueron el Psicoanalisis (Sigmund Freud) y la psicología individual  (Alfred Adler).

No soy psicólogo. Si me he dedicado a la enseñanza un buen tiempo, parte del cual lo invertí en transmitir conocimientos. Otra buena parte de ese tiempo la ocupé en la atención individual y grupal de los alumnos, en lo que se conoce como tutorías. Mi mayor aprendizaje en esta última tarea vino cuando, por el devenir de la vida, propuse al Ayuntamiento de Granada la puesta en marcha de una Escuela de Padres, que duró ocho años. En ella participaron profesionales importantes, tanto por el manejo de los contenidos que exponían como por la experiencia resolviendo problemas relacionados con los mismos. Por allí pasaron, un año tras otro, Emilio Calatayud (Juez de Menores), Luis Gutiérrez Rojas (psiquiatra y profesor de Universidad), José Manuel Morell (Psicólogo clínico y Director de la Escuela Nacional de Formación de Aldeas SOS), Díaz Atienza (Jefe de la Unidad infanto- juvenil de Salud Mental del hospital Virgen de las Nieves), Juan Santaella (catedrático de Instituto y Viceconsejero de Educación de la Junta de Andalucía. Experto en transmisión de valores), María Rosa Guerrero (Fiscal de Menores) y pedagogos, expertos en drogas, policías, expertos en psicología evolutiva, etc. Estuve en las más de doscientas sesiones que se impartieron y por las que pasaron más de 10.000 padres. En algunas de esas sesiones hubo más de 200 padres. Oyendo a estos profesionales aprendimos muchas cosas.

Volviendo a Vktor Frankl y su libro "El hombre en busca de sentido", en él cuenta su paso por tres Lager (campos de concentración), incluido Auschwitz, al que sobrevivió milagrosamente.  A partir de aquí expongo varios contenidos de este libro que se pueden aplicar a labor educativa de los padres y profesores:

1. La felicidad no es un punto de destino, es mas bien  una labor del día a día. Es ir trabando una existencia con significado y sentido. A lo largo de la vida sufriremos  episodios de infelicidad que habría que ver como normales, salvo que el motivo sea patológico. La mismísima santa Teresa de Jesús habla de la vida como "Una mala noche en una mala posada" . Para nadie existe la felicidad perfecta y permanente.

2. Padres, para dar ejemplo, e hijos viendo el ejemplo de los padres, harían bien por esforzarse en salir de si mismos, evitando tener tiempo para los discursos interiores centrados en nosotros mismos que terminan siendo negativos y, en muchos casos, nos llevan al vacío existencial. Son buenas herramientas: hacer bien el trabajo que a cada uno corresponde pensando en motivos que nos trasciendan, por ejemplo, lo que se aporta a la sociedad con ese trabajo, o motivos religiosos, espirituales... Tener el tiempo ocupado, pensar en el otro, dedicar algo de tiempo a tareas significativas (ayudar en casa, ayudar en alguna tarea asistencial, mostrarse disponible para realizar favores, cultivar la amistad con nuestros amigos, que requiere tiempo, leer,  etc.)

2. Recojo una cita literal que Frankl incorpora a su libro: " Nuestra actual filosofía de la higiene mental insiste en la idea de que las personas deberían ser felices y, por ello, a la infelicidad se la ve como un desajuste . Este sistema de valores, frente a la inevitable infelicidad, podría ser responsable del incremento de desdicha que causa no ser plenamente feliz". El texto lo recoge Frankl pero pertenece a Edith Weisskoop - Joelson, que fue profesora  de psicología en la Universidad de Georgia. Estamos en una sociedad de consumo y recibimos miles de mensajes con una idea repetitiva de fondo, más o menos enmascarada: "si consumes esto serás más feliz". Por otra parte las redes sociales son un auténtico teatro, en el que todo el mundo aparece en situaciones envidiables en las que todo es felicidad. Recuerdo a una importante psiquiatra hablando de una importante influencer, paciente suya, que padecía un  vacío existencial que le llevaba a episodios depresivos, aunque en redes aparecía de otra forma. Todos pasamos por momentos bajos, forman parte de todo ser humano.

3. Hay que preparar a nuestros hijos ante la inevitable infelicidad. Frankl pone el foco en la búsqueda de sentido que puede encontrarse viendo lo que la vida nos dá (nos pasan desapercibidas demasiadas), lo que podemos dar a la vida (frutos sociales de nuestro estudio o trabajo, aportes personales a actividades sociales...  ) y nuestra actitud ante lo que no podemos cambiar (el sufrimiento inevitable, la enfermedad o la pérdida). Esto último hace referencia a la "libertad interior" respecto a la interpretación de nuestras circunstancias: somos nosotros los que escogemos nuestra reacción ante lo desagradable e inevitable. Puestos a escoger, escojamos lo que nos ayude a crecer, por ejemplo, en términos de madurez.

4, Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que de todo lo que nos pasa sale algo bueno si queremos buscarlo. Todo, por muy negativo que parezca, tiene una interpretación positiva, en términos de madurez o crecimiento, estabilidad psicológica, etc. Nadie quiere lo "negativo", lo que nos hace sufrir, pero cuando llega "podemos elegir nuestra reacción" y ahí entra el juego la "búsqueda del sentido"

5. Para los que somos creyentes (yo lo soy), ayuda la idea de que Dios no es un Dios lejano, está pendiente de nosotros, de cada uno de nosotros. Para mi esto es así, independientemente de lo que tu y yo pensemos. Lo que manifiestan los místicos va en esa línea y personalmente lo he sentido interiormente. Nos podemos dirigir a Él como padre. Otro psicólogo, también conocido, Rafael Santandreu, habla de que los creyentes jugamos con ventaja. En algunos de sus libros habla de esto.

Y llega el momento de ver ¿Qué pueden hacer los padres en todo esto?. Sugiero lo siguiente:

1. Predicar con el ejemplo

2. Intervenir para ayudar en el discurso interior negativo de nuestros hijos, cuando se produzca, y buscar el momento idóneo para comentarlo. Ayudarles a encontrar sentido a lo que les ocurre. Hablarles de lo que tienen y reciben de la vida. En este artículo he dado, ha dado Frankl, pistas. Un razonamiento en el momento oportuno ayuda.

3. Ayudarles a no dramatizar ante aspectos vitales como el "aburrimiento". Bien gestionado fomenta la creatividad de los niños.

4. Ayudarles a trascender, a no estar mucho tiempo pendientes de ellos mismos, quizás encerrados en su cuarto. Que también piensen en los que les rodean y lo concreten en tareas (ayudar en casa, hacer planes con amigos, participar en campañas de ayuda a los demás, etc.)

5. Llegado el momento hacerles ver que uno de los ingredientes de la vida es el sufrimiento, que bien gestionado les ayudará a crecer. Que ellos pueden buscar, con vuestra ayuda, qué sentido tiene y que pueden escoger como reaccionan.

6. Para todo lo anterior y lo que se os pueda ocurrir:
  • Buscar los momentos oportunos
  • Buscar metas consensuadas entre padre y madre
  • Objetivos en pequeñas cosas y secuenciales.
  • Partir de las características personales  de cada hijo. Lo que vale para un hijo puede no valer para otro.
  • No sermonear, sobre todo a adolescentes. Dialogar, interpelar....

Termino con una frase de Viktor Frankl: "La persona que tiene una razón para vivir puede soportar cualquier cosa"

José Antonio de la Hoz






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