sábado, 26 de noviembre de 2016

Las pequeñas decisiones y el desarrollo de los hijos


Los niños vienen  al mundo con una carga biológica  que los padres comienzan a identificar  y conocer al ver cómo se comportan  en sus primeros meses de vida. Es lo que los psiquiatras y psicólogos describen como temperamento o la parte del comportamiento humano no aprendida. El carácter es la otra pieza de nuestra personalidad e integra los rasgos de nuestro comportamiento aprendidos, como consecuencia de nuestra relación con el entorno,  desde el mismo momento de nuestro nacimiento. La familia primaria, compuesta por padres y hermanos, es un factor configurador de nuestro carácter muy importante.

La vida diaria en el entorno familiar va configurando una forma específica y personal de comportarnos; un traje que nos va a acompañar para siempre y que va a ser una causa importante de nuestra felicidad o tristeza, de nuestro progreso o retroceso, de nuestros éxitos o fracasos y de nuestra estabilidad o inestabilidad.

 Las cosas pequeñas sumadas hacen grandes cosas. Son muchas gotas de agua las que terminan provocando grietas en las piedras hasta desintegrarlas o la aparición de hermosas estalactitas y estalagmitas.  De la misma forma son pequeñas decisiones de los padres en relación con los hijos, mantenidas día a día, a las que quizás no se le dan importancia, que nacen de sus convicciones acertadas o equivocadas, de sus  modelos y valores , o del propio ejercicio de la libertad personal que termina cubriendo de normalidad a los propios actos,  las que ayudan o estorban en su desarrollo como personas. También influyen, sin duda, el centro escolar, los compañeros y amigos de la infancia, el barrio donde viven, el tipo de acceso a las redes sociales e Internet, el número de horas pasados frente a la televisión o los videojuegos,  las personas que han sido su referente (cantantes, deportistas, profesores, primos, tíos…), etc.

Antes de seguir quiero matizar  que nuestra historia personal y las influencias de los demás en ella, NO ANULAN nuestra libertad personal, pero si nos hacen las cosas más fáciles o difíciles. De hecho, terminan siendo las ideas que dejamos circular por nuestra mente y los hábitos que hemos ido generando con nuestro comportamiento, los que influyen sensiblemente en nuestro actuar diario. Las ideas podemos modificarlas en cada momento, podemos obviarlas, sustituirlas o cambiarlas sabiendo que tienen una importante carga de subjetividad que nos aleja de la realidad. Se trata de colocar en nuestra cabeza un guardia de circulación que de paso a unos pensamientos y pare otros. También ayuda tener un listado de las principales distorsiones del pensamiento, sobre todo para reírnos de nuestra “facilidad” para construir una “realidad paralela” a la verdadera.  Los hábitos también podemos modificarlos. Podemos pasar del desorden al orden y ganar en eficacia y tranquilidad personal. Podemos pasar a levantarnos puntualmente si no lo hacíamos, podemos mejorar nuestra atención, ser más educados y respetuosos, aprender a trabajar en equipo, ser más éticos, hablar bien de la gente y respetarla, etc. Ayudarán al cambio una voluntad fuerte y motivos atractivos para el cambio. Nada se consigue sin esfuerzo e ilusión, sobre todo las cosas valiosas.

Retomando el hilo de las pequeñas decisiones que los padres toman cada día, es bueno preguntarse sobre la repercusión que tienen en la configuración del carácter de los hijos. Es el día a día lo que va  construyendo o destruyendo la personalidad de los hijos, su fuerza de voluntad, sus valores, sus motivaciones, sus hábitos,…su calidad como persona, el éxito o fracaso de su futura familia, su éxito o fracaso profesional, la amplitud y calidad de sus relaciones sociales, ….SU GRADO DE FELICIDAD ,etc. A título de ejemplo, os invito a leer detenidamente estos dos artículos:

La gestión del placer de los hijos en el día a día, a través de cada uno de sus sentidos va a influir en la calidad de su voluntad y sus hábitos. Si habéis leído los dos artículos que os he propuesto en los dos enlaces anteriores, entenderemos lo decisivo que es esto.

Vaya por delante que no es útil, eficaz, sano…exigir a los hijos en todo y a la vez, todos los días de su vida compartida en el hogar, pero si es bueno marcarles  metas en detalles pequeños del día a día, alcanzables pero difíciles. Hay que seleccionar dos o tres cosas cada día en las que insistir – cada hijo tiene necesidades distintas-, al mismo tiempo que se valora con elogios, besos, ánimos... el esfuerzo. Os facilito una relación de pequeñas decisiones - a modo de ejemplo-  que podéis tomar en relación con vuestros hijos.
  • Levantarse puntualmente
  • Lavarse los dientes, asearse, hacer la cama, dejar el dormitorio ordenado.
  • Ayudar a hacer el desayuno o que se lo hagan.
  • Llegar con puntualidad al colegio, instituto, …
  • Horario de trabajo tras la vuelta del colegio…
  • Pequeños encargos para colaborar en casa
  • No ver la televisión hasta una hora previamente acordada.
  • Acostarse a una hora en punto
  • Comer con medida solo en las comidas (no picar)
  • Los caprichos como gominolas, bebidas carbónicas,… son extraordinarios (fines de semana, cumpleaños…). No cedemos para no oírlos quejarse.
  • Hablar con ellos a diario, preguntarles cómo les ha ido el día, estar disponibles para escucharles.
  • No comparar a los hijos. No compararlos con el primo, el vecino,…para decirles cómo deben comportarse.
  • Combinar afecto y exigencia.


La lista podría seguir, pero vamos a coger una pequeña decisión y analizarla: “La madre que va al supermercado con su hijo y cuando llega a la caja se niega a darle la bolsa de gominolas colocada estratégicamente, aguantando sus llantos y sus lloros”. ¿Cómo incide este pequeño comportamiento de la madre en la vida presente y futura de su hijo?:
  • ¿Contribuye a que su hijo tenga una voluntad fuerte?: si
  • ¿Contribuye a que su hijo aprenda a controlar su impulsividad?: si
  • Si controla su impulsividad, ¿tendrá unas relaciones sociales, en el presente y en el  futuro de mayor calidad?: si
  • ¿Ayudamos a que tenga más amigos?: a más cualidades, más atractivo personal. Luego, SI
  • ¿Estaremos influyendo en su futura relación de pareja?: Un caprichoso termina siendo insoportable, luego SI.
  • ¿Me llegarán muchas o pocas quejas sobre su comportamiento en la escuela? Si este criterio se mantiene, con sentido común, en su educación…mas bien pocas.
  • ¿Influimos sobre su capacidad de terminar los deberes? Si, positivamente.
  • ¿Influimos en su futuro profesional? Lo que cuesta requiere esfuerzo y cediendo a sus caprichos debilitamos su voluntad, luego SI
  • ¿Influimos sobre su autocontrol a la hora de comer, beber, consumir sustancias en la adolescencia…? Si, positivamente.

Podríamos seguir, pero ahí lo dejo. Hay que EDUCAR CON OJOS DE FUTURO, el presente pasa y el pasado no vuelve. Pero hay una gran causalidad entre lo que haces con tu hijo en el presente – las pequeñas decisiones de cada día- y lo que llega a ser en el futuro. El problema es que hay muchos padres que restan importancia a las cesiones en el presente sin valorar sus consecuencias en el futuro, pensando que está lejos.

Termino con una frase que me llamó mucho la atención. Es de una persona a la que respeto y quiero. Dice así:

¿Viste como alzaron aquel edificio de grandeza imponente? ¡A fuerza de cosas pequeñas!


 José Antonio de la Hoz

martes, 16 de agosto de 2016

Dos vídeos cortos para padres y educadores

Dos vídeos interesantes donde aparecen buenas pautas educativas, a saber:

  • Confiar en los hijos. Hacerles ver sus posibilidades. Visualizarles el cambio que se espera de ellos
  • Prestarles apoyo
  • Ayudarles a levantarse de los tropiezos y fracasos
  • Comunicarse con ellos de forma asertiva, sin gritar, humillar o comparar
  • Asistir a tutoría periódicamente
  • En primaria, comprobar que no hay ninguna dificultad para el aprendizaje (vista, dislexia, TDAH, etc)
  • Hablar con ellos y escuchar - además de oir- lo que dicen. Dejar claro lo que se espera del educando
  • Orientarlos. Poner normas y límites
  • Introducirlos desde pequeños en el hábito de la lectura






miércoles, 10 de agosto de 2016

El entorno en la educación del niño

Cuando nacemos comienza el desarrollo de nuestra  personalidad . La forman dos elementos: el temperamento y el carácter. El primero hace referencia a la forma natural de comportarnos, sin que aún haya influido el entorno. Está muy relacionado con la genética, “viene de fábrica” y se puede pulir pero no modificar. Como dice la sabiduría popular “el que nace cochino muere marrano”. Es lo que a los padres con varios hijos les hace decir, cuando los comparan con pocos meses, “son hermanos pero son muy distintos”, “lo que me vale con uno no me sirve con el otro”. En el temperamento hay rasgos positivos y otros no tan favorables. Educar es enseñar a usar los positivos y pulir los desfavorables.

El carácter es el conjunto de hábitos, certezas, preferencias, capacidades, emociones…, estables, que se desarrollan en el niño por su relación con el entorno, fundamentalmente con la familia y  el centro escolar. Es lo que se aprende a lo largo de la vida y se queda, por repetición de actos.

Forman parte del entorno del niño su familia, el barrio en el que vive, los amigos que va teniendo y el centro escolar. A esta descripción clásica hay que añadir algunos elementos como la televisión, los videojuegos, internet o la música, con una influencia importante en la transmisión de valores y contravalores.

Cuidar la educación de un niño es transmitirle valores, sobre todo con el ejemplo, enseñarle a respetar las normas de convivencia, ayudarle a controlar sus impulsos y emociones, promover el desarrollo de  capacidades y facilitar que adquiera hábitos y competencias que lo  conviertan en un ser profesional, social y personalmente atractivo, libre y feliz. En definitiva ayudarle a conseguir la mejor versión de sí mismo, respetando su libertad. Pero esto no ocurre en un laboratorio , a lo largo de unos años, sino que se produce en un entorno cambiante, que hemos descrito anteriormente y que puede ser un aliado o un obstáculo para estos fines. En los primeros años de vida existe un mayor control de los padres sobre lo que rodea al niño, pero esto se complica cuando los niños se convierten en adolescentes. El objetivo de esta entrada es reflexionar para ver cómo pueden actuar los padres ante estas realidades.

Fijaros en el primer personaje de este vídeo. Está rodeado de un entorno difícil y se mueve con miedo. Después aparece un segundo personaje que le ayuda a relacionarse eficazmente y de forma divertida con lo que le rodea. Ese es el papel que deben desempeñar los padres con los hijos. Enseñarles a tratar con el ambiente, con prudencia pero sin miedo,  y no aislarlos.



En el siguiente esquema recojo un resumen de los principales elementos que conforman el entorno del niño, para su posterior análisis. El esquema no es exhaustivo. En algunos aspectos, como la familia, detallo más factores posteriormente.
La mayor parte de los investigadores incluyen los siguientes factores, relacionados con la familia,  como predictores del desarrollo del niño:

  • Nivel educativo y ocupación de los padres
  • Nivel socioeconómico
  • Estado de salud parental
  • Número de hijos
  • Orden de nacimiento de los hijos
  • Distancia en años entre hermanos
  • Características de la vivienda (condiciones materiales del hogar)
  • Clima familiar: organización, control, comunicación, cohesión, estrés, adaptabilidad y ambiente afectivo.
  • Recursos culturales
  • Estilo de autoridad
  • Expectativas y aspiraciones de los padres
  • Habilidades parentales
  • Tiempo de permanencia en el hogar
La familia se empieza a construir en el noviazgo dónde deben de quedar claros aspectos como la educación por consenso de los padres, el tipo de centro educativo al que irán, los valores en los que se les va a educar, etc.

La relación entre los padres, más cercana al conflicto o la armonía, va a influir notablemente en el desarrollo de los hijos. Una buena relación aporta a los hijos equilibrio y seguridad. Una mala relación aporta lo contrario, con todos sus matices en ambos casos. De todas formas, si se rompe la relación conyugal los niños no son una herramienta para expresar el odio hacia la otra parte. Hay que seguir educando en común, procurando ir en la misma dirección. Os invito a profundizar en este aspecto con la lectura que se recoge en el siguiente enlace: http://goo.gl/NqF3zD

En el  discurrir diario los padres transmiten a los hijos un modelo de actitud y valores. Ahí ven el primer ejemplo de socialización que pondrán en practica en el colegio, con los amigos, con los vecinos y que les ayudará o será un freno en su desarrollo.

Hay autores  (Brunner & Elacqua, 2003) que consideran las variables relativas al entorno familiar como las principales predictoras del rendimiento académico del alumno, por encima incluso de las escolares.

Debe haber un equilibrio entre autoridad y afecto. Es muy pernicioso el autoritarismo de los padres, que genera  hijos rebeldes o sumisos, mentirosos, con baja autoestima y autonomía, y con sentimientos de rencor, angustia y culpabilidad. Los padres pasotas favorecen que los hijos  sean inestables, inconstantes, con baja autonomía personal y propensos a conductas desviadas. Los padres sobreprotectores promueven que sus vástagos sean dependientes, con bajo autocontrol y autoestima, inseguros, egoístas e ingratos. La vida es rica en matices y los modelos no se dan puros, aunque si habrá una preponderancia de uno sobre los demás.

El modelo ideal de autoridad es el que promueve límites y normas, exige responsabilidades pero alaba los logros y el esfuerzo, no abandona el afecto incondicional, pone metas exigentes al niño pero no usa una comunicación hiriente ni humillante, da apoyo y ayuda cuando conviene, etc. Hay una productiva armonía entre exigencia, disciplina, apoyo a la tarea y afecto.

El nivel sociocultural de la familia va a influir, por ejemplo, en las expectativas sobre los hijos. Los hijos de familias con un nivel sociocultural alto saben, desde pequeños, que se espera de ellos un nivel de desempeño elevado y viceversa. El nivel de apoyo para conseguir los objetivos es mayor en el primer caso. Las rutinas de la vida ordinaria personal y profesional de los padres cala de distinta manera en los niveles altos y bajos. También es distinta la capacidad para identificar los posibles problemas que puedan aparecer en el desarrollo del niño y la aplicación de soluciones. El desarrollo del lenguaje también es distinto en calidad y cantidad, con todo lo que ello conlleva.

La forma de comunicarse con los hijos, sobre todo cuando son pequeños, puede influir notablemente en su desarrollo.  Como consejos generales doy los siguientes: sustituir el juicio a la persona por el juicio al acto (en vez de “eres tonto, malo, imbécil…”, usar “esperaba que hicieras esto de esta manera, no está bien hacer esto así, tu lo sabes hacer mejor”). Los niños no tienen capacidad crítica y se fían a pie juntillas de lo que le dicen los padres, por eso si le decimos que son tontos, malos, …se lo creen y actuarán como tales, aparte de influir negativamente en su autoestima. También evitaremos las comparaciones, pues con ellas les transmitimos que no los queremos como son, abriendo la puerta a la inseguridad y la falta de equilibrio. Otra estrategia es transmitirles a los hijos como nos sentimos nosotros ante un comportamiento o actitud incorrecta.

Por otra parte hay que estar atentos a lo que ven, escuchan y leen. Algunos consejos: deben ver poca televisión y la que vean que esté previamente seleccionada; verla con ellos y comentar lo que está bien y mal, es lo ideal. Hay que establecer filtros parentales en los ordenadores para que no accedan a contenidos no deseados; los ordenadores deben estar en las partes comunes del hogar. Hay tiempos límite de uso de los videojuegos y nuevas tecnologías. Esto es lo que hizo Bill Gates, fundador de Microsoft,  con sus hijos:

"Mis hijos tendrán algún día un ordenador, pero antes aprenderán muchos otros juegos". Cuando les dieron el primer ordenador le pusieron dos condiciones: 45 minutos de lunes a viernes y una hora el sábado y el domingo.

Los móviles sin acceso a Internet, sobre todo si se les regala uno en la prepubertad. 

Cuando empiezan a oír música no está de más comentar las letras con ellos.

Es más decisivo para la formación y educación del niño lo que ve, oye, siente y recibe de la familia que su interacción con los vecinos y el entorno material más cercano del barrio. En los primeros años de vida se copian e interiorizan  comportamientos fuera y dentro de casa, aunque la familia puede potenciar o frenar lo que se ve fuera del hogar, en el barrio.

Por último, los padres deben elegir un centro educativo con ideario parecido a lo que se vive en casa, lo contrario es contraproducente - salvo que el centro mejore lo que hay en casa- y produce desconcierto e inseguridad en el niño que no sabe a qué atenerse. La relación de los padres y el centro, por medio del tutor, debe ser periódica y encaminada a aunar esfuerzos, establecer objetivos de mejora del niño y hacer un seguimiento del cumplimiento de los mismos. La relación entre el centro escolar y la familia es de complementariedad y subsidiariedad. Son los padres los primeros y últimos responsables de la educación de los hijos siendo subsidiario el papel del colegio.

Tanto el centro escolar como las familias deben poner de su parte para establecer una relación de confianza y colaboración. El colegio debe poner todos los medios a su alcance para ser percibido por los niños como un lugar seguro, predecible y amable.

Termino con unas frases de Dorothy Law Nolte, escritora estadounidense:

José Antonio de la Hoz




martes, 26 de julio de 2016

Estrategias para mejorar el autocontrol y la voluntad de los hijos. El Test de la golosina II


Según Walter Mischel, psicólogo y profesor de la universidad de Columbia, el cerebro tiene dos sistemas: uno frio y otro caliente. En el primero mandan el conocimiento, el pensamiento y los objetivos…, la razón. El segundo es emocional e impulsivo y responde a reflejos rápidos que se disparan sin pensar. El frío se dirige más a lo que debemos hacer, el caliente a lo que deseamos hacer. Cuando la fuerza de voluntad falla el sistema caliente se impone al frio y se produce la acción impulsiva, como gritar a un padre después de una corrección o que un hijo pida insistentemente un caramelo que ha visto junto al cajero del supermercado mientras los padres esperan su turno.

Son más impulsivos los hombres al tener más estimulación de la amígdala cerebral..

En otros estudios, Mischel logró determinar que las diferencias en la capacidad de esperar se veían incluso en bebés de nueve meses al observar cómo ellos respondían cuando los separaban de sus madres. Al estudiar a esos mismos niños años más tarde los investigadores encontraron que los patrones de comportamiento ante la espera de la gratificación fueron iguales. 

Eso podría indicar que algunas personas son genéticamente más susceptibles a los detonantes del sistema caliente, y ello influenciaría su comportamiento toda la vida. Pero no contento con esa explicación, Mischel propuso otro experimento, esta vez con niños de familias con bajos ingresos del barrio del Bronx, en Nueva York. La capacidad de la mayoría de los participantes de resistir a la tentación fue menor que en el experimento original, donde los niños venían de familias de clase media de Palo Alto, California. 


Es interesante que los padres promuevan en los hijos, desde que son pequeños, el autocontrol, necesario para resistir la frustración e insistir en alcanzar los objetivos que nos trazamos. Ceder a los caprichos de los hijos no es intrascendente, nos jugamos la calidad de su futuro profesional y personal.

Por todo lo anterior es importante tener un buen nivel de autocontrol, que en los primeros años de vida es promovido, o no, por las directrices que recibimos de nuestros padres. Ahí van algunas estrategias que ayudan a aumentarlo:

Apartar los sentidos del estímulo

Nada mejor para fomentar el autocontrol que tener alejadas las cosas que lo socavan. Si no quiero comer pasteles lo mejor es no pasar delante de la pastelería. Si no quiero distraerme cuando estudio lo mejor es dejar el móvil fuera de la habitación, posicionar el ordenador también fuera y quitar el resto de estímulos que puedan distraerme. Como dice el refranero, “ojos que no ven corazón que no siente”

Planificar con antelación

Tener planes preparados con antelación y respuestas inmediatas resulta útil para saber qué hacer ante determinadas situaciones. “Si me llama mi amigo Juan le diré que tengo que estudiar con mi hermano porque tengo que acabar el trabajo”. Se ha demostrado que este tipo de proposiciones “si X entonces Y” son estrategias útiles para mejorar el autocontrol (Duckworth, 2011).

Objetivos claros

A los alumnos les hemos de enseñar a que tengan objetivos adecuados que les permitan ir obteniendo pequeños progresos y experimentar el éxito académico. Su motivación interna lo requiere y su perseverancia lo agradecerá. “¡Es el primer control de Tecnología que apruebo!” era el comentario de un alumno recientemente. Lo cierto es que eso sirvió de acicate para su mejora académica general.

Ser positivos

Tener una actitud positiva y una visión optimista (que sabemos que se puede aprender, o si se quiere mejorar) permite mantener una motivación para la tarea y no tirar la toalla con facilidad.  Hemos de intentar generar climas emocionales positivos en el aula y en el hogar que, además, sabemos que facilitan el aprendizaje. Cuando el alumno está haciendo los deberes y está en un estado de ánimo positivo es más fácil que se concentre en la tarea y resista la tentación de mirar si ha recibido algún mensaje en el móvil. Si por el contrario, el alumno está en un estado de ánimo negativo, sus mayores niveles de ansiedad le harán más complicado controlar sus impulsos.

El cerebro requiere glucosa

Para facilitar el aprendizaje y para que las tareas que requieren autocontrol no agoten nuestra fuerza de voluntad es imprescindible que los niveles de azúcar en sangre sean estables. Eso se consigue haciendo al menos cinco comidas diarias. A los alumnos les hemos de explicar la importancia de un buen desayuno. Su cerebro y su fuerza de voluntad agradecerán esa recarga energética.

Diálogo interno imprescindible

Hoy sabemos que, en situaciones en las que estamos alterados, existe una gran activación de la amígdala derecha (también de la corteza prefrontal derecha). Para evitar este “secuestro de la amígdala” y no dejarnos arrastrar por las emociones negativas generadas, es muy útil hablar con nosotros mismos e intentar refutar las ideas que nos embargan. Por ejemplo, “¿es necesario que me enfade ante un simple comentario irreflexivo del compañero?”, o incluso recurrir a la empatía, “al fin y al cabo, está un poco nervioso por la enfermedad de su padre”.
También sirve recordar los efectos positivos de evitar la tentación.

La atención regula la emoción

Cuenta Daniel Goleman que cuando sus hijos eran pequeños y estaban enfadados, les hacía dirigir la atención hacia algo para apaciguar su enojo: “¡Mira ese pajarito!” (Goleman, 2013). La llamada atención ejecutiva que nos permite dirigir nuestra atención hacia algo en detrimento del resto y que constituye una atención selectiva para el estudio (como seguir el hilo del razonamiento en la resolución de un problema) tiene una ventana plástica entre los 4 y 7 años de edad y puede ser mejorada con el entrenamiento adecuado (Mora, 2013).

El autocontrol se ejercita

Los niños con problemas de autocontrol y con dificultades en el aprendizaje suelen ser incapaces de prestar atención. Y el mejor antídoto ante la distracción es la enseñanza de la metacognición que les permite observar los propios procesos mentales o ser conscientes de la propia atención.


De todas formas no podemos pedirnos a nosotros ni pedir a los niños que digan no a todo. Es agotador e insostenible. Hay que ser selectivos e ir a lo importante. Soy creyente y, de vez en cuando, charlo con un sacerdote; recuerdo que después de una de estas conversaciones el consejo que recibí fue bien sencillo: “vete a tomarte un buen helado”

Os dejo otro vídeo, lleno de humor, sobre el test de la golosina:


Fuentes: https://escuelaconcerebro.wordpress.com/tag/autocontrol/ 

jueves, 21 de julio de 2016

El test de la golosina o como educar la voluntad de nuestros hijos. Parte I


“Tener más o menos autocontrol no es una cuestión baladí ya que de él depende una parte importante de nuestro bienestar y nuestra salud física y mental”. Esto lo afirma  Walter Mischel, psicólogo y profesor de la Universidad de Columbia –anteriormente de la Universidad de Stanford- que trabajó en la materia  con un estudio longitudinal durante varios lustros. Esto le permitió analizar el comportamiento de niños en edad preescolar y ver como evolucionaron sus vidas hasta llegar a la madurez.

Mi interés por Mischel y su estudio comenzó al oír una intervención en Youtube de Carlos Andreu , socio director de la agencia de conferenciantes Human Speakers y consultor de empresas. En ella hablaba del Test  y despertó mi interés por el autor y las conclusiones de su estudio, de rabiosa actualidad porque son muchos los padres y las madres que pueden y deben cambiar su actitud con los hijos, si son conscientes de que en el día a día, en asuntos ordinarios como la comida, el consumo de televisión o la cesión en los caprichos, están influyendo de forma positiva o negativa en el futuro de sus hijos.

Según Mischel voluntad y autocontrol son la misma cosa. Además, se puede identificar el nivel de esta capacidad cuando los niños son pequeños y es modificable, es decir, puede aumentarse si se usan una serie de estrategias que están identificadas.

Cojo de la introducción de su libro “El test de la golosina: cómo entender y manejar el autocontrol”, un resumen de la explicación de este test y sus conclusiones:

“Todo comenzó en los años sesenta. En un sencillo estudio se sometió a alumnos en edad preescolar a un duro dilema….Le dábamos a elegir entre una recompensa (por ejemplo, una golosina) que podían obtener inmediatamente y otra recompensa mayor (dos golosinas) si esperaban, siempre solos, unos veinte minutos.” En la sala disponían de un timbre que podían hacer sonar para llamar al investigador y pedirle que le diera la golosina. O podía esperar a que aquel volviera y, si no se había levantado de la silla o empezado a comer la golosina, le diera las dos.

Que los niños aguantaran o no ayudaba a hacer importantes predicciones acerca de su futuro. “Cuantos más segundos esperaban a la edad de 4 o 5 años, mayor era su puntuación en las pruebas de aptitud académica y mejor su funcionamiento social y cognitivo en la adolescencia. A edades comprendidas entre los 27 y los 32 años, aquellos que más habían esperado cuando se sometieron al test en edad preescolar tenían un índice de masa corporal más bajo, el sentimiento de su propia valía era mayor, alcanzaban sus metas con más eficacia y soportaban mejor las frustraciones y el estrés. En la madurez, los que más capaces fueron de esperar (demora larga) se caracterizaban, frente a los que no lo fueron tanto (demora corta), por mostrar en los escáneres cerebrales unas imágenes diferentes de las áreas del cerebro relacionadas con las adicciones y la obesidad”

De lo anterior se derivan cuestiones muy importantes a tener en cuenta en la educación de los hijos, que tienen repercusión a lo largo de su vida, haciéndolos más o menos felices. Por ejemplo:

  • Que los hijos tengan un horario de comidas y que se respeten. No se pica entre horas. Se come de todo.
  • Que los caprichos son para momentos muy concretos, como cumpleaños o fiestas muy especiales. Por eso son caprichos.
  • Cuando se dice no es no y no cambia a un si por una pataleta (no a la golosina de la caja del supermercado, no al columpio, no a acostarse más tarde…etc)
  • El tiempo dedicado a la televisión es limitado y no se cede….., etc.

En otra entrada, para no hacer excesivamente larga esta, tocaré las estrategias de las que habla Mischel para aumentar el autocontrol, o sea, la fuerza de voluntad.

Os dejo un vídeo de una entrevista con Mischel:




Termino, como siempre, con una frase. En esta ocasión de Tolkien:

“Donde no falta voluntad siempre hay un camino”

José Antonio de la Hoz

miércoles, 6 de julio de 2016

Planes veraniegos con tus hijos,...si resides o estás de visita en Granada


No está nada mal hacer una relación de posibles planes a realizar con tus hijos en el periodo de vacaciones. Son muchos los sitios a descubrir en tu propia ciudad o en las  vecinas más cercanas y, muchas veces, no se nos ocurren. El primer paso para realizar una actividad es planificarla y contar con un listado de alternativas facilita la labor.

Sin pensar mucho he elaborado una relación de posibles sitios a visitar y actividades a realizar en Granada con vuestros hijos, este verano o los siguientes. Como decía un sabio "descansar no es no hacer nada sino cambiar de actividad".

Pues ahí va la relación de actividades. Si os acordáis de otras, por favor hacérmelas llegar.

Deportivos

  • Piragüismo en el pantano del Cubillas
    • A 15 minutos de Granada
    • Piraguas individuales y dobles
    • Lugar: las alquilan en el restaurante Los Torres. Desconozco si se han puesto en marcha las instalaciones de la Universidad de Granada en el Pantano.
    • Niños: 7 años en adelante
  • Piragüismo en el Club Náutico del Pantano de Colomera
    • A 40 minutos de Granada
    • Piraguas, vela, tiro con arco y multiaventura
    • Lugar: el club náutico está a unos 10 minutos después de pasar el pueblo.
    • Niños: 7 años en adelante
  • Senderismo en Granada:  para niños de 7 años en adelante
    • Los Cahorros (pozas)
    • Tajos de Alhama
    • Pozas en el restaurante Maitena de Güejar Sierra
    • Excursión:  Lagunillo Misterioso , laguna de la Mosca, laguna de la Caldera, laguna Hondera, etc.
    • Laguna de Padul (avistamiento y anillamiento de pájaros)
    • Fuente del Avellano -Acequia Real de la Alhambra- Cementerio – Granada.
  • Salidas de fin de semana  o puente a parajes naturales:
    • Sierra de Cazorla (Cerrada de Utrero y Laguna de Valdeazores)
    • Nacimiento del rio Mundo
    • Garganta de la Olla (pueblo) en Cáceres (monasterio de Yuste,  Garganta del Infierno, Piornal, etc.)
    • Lagunas de Ruidera
    • Caminito del Rey
  • Área Mirlo blanco de Sierra Nevada (montaña rusa, toboganes, tirolina, bici eslalon, etc.)
  • Karts:
    • Fórmula Karting Granada en Polígono de Asegra – Peligros (Granada)
    • Karting Granada  en Purchil (Granada)

Culturales

  • Visita al Museo de San Juan de Dios en la  Casa de los Pisa
  • Visita al  Museo Sefardí  de Granada
  • Visita guiada a la Abadía del Sacromonte
  • Casas moriscas de Granada: Chapiz, Horno de Oro, Dar – al – Horra, Zafra, etc.
  • Museo de Bellas Artes en la Alhambra
  • Museo de la Alhambra (acompañado de guía gratuito los sábados)
  • Mirador de la Churra
  • Mirador de San Miguel
  • Carmen de los Mártires
  • Carmen Blanco
  • Capilla Real
  • Monasterio de San Jerónimo
  • Cartuja de Granada

Ánimo y a disfrutar.

José Antonio de la Hoz

lunes, 6 de junio de 2016

¿Tengo que prepararle la cena a mis hijos de 19 y 23 años?

Algunas semanas atrás volvía de una intensa caminata por el monte con un grupo de amigos , unos quince, en un micro bus. Estábamos realmente cansados porque habíamos subido, en un buen número de horas,  a un lugar de alta montaña. En el bus daban una cabezada la mayoría y el resto charlaban. Detrás, no muy lejos, dos madres mantenían una conversación que podíamos  oír los más cercanos. Una de las madres comentaba  que al llegar a casa se iba a duchar e iba a caer rendida en la cama; la otra se quejaba de que antes de ducharse y acostarse tendría que prepararle la cena a sus dos hijos, la mayor con 23 años y el otro con 19. Después de oír esto,  sencillamente me indigné.

La madre que debía preparar la cena es una buena profesional, responsable, diligente, culta y separada, que para ir a una excursión tiene que hacer malabarismos. Yo me hacía las siguientes preguntas: ¿no eran los hijos demasiado mayorcitos para permitir que su madre les preparase la cena?. Está claro que lo de prepararles la cena se había convertido en un hábito cultivado desde la niñez, que se mantenía por inercia pero ¿sabiendo que su madre vuelve de una actividad agotada, no pueden dar ambos dos un paso adelante y evitarle  ese sobreesfuerzo? Quizás me falte conocer la última escena en ese hogar, esa noche; quizás llegó la madre y se encontró la cena hecha, los platos limpios y su cena servida. Ojalá fuese así y me sobraría parte de lo que estoy escribiendo, quizás todo.

Cada vez estoy más convencido de que hay algunos padres que no dirigen bien el cariño a sus hijos. Algunos puede que me traten de salvaje, pero voy a poner algunos ejemplos de lo que entiendo por cariño del bueno:

  • Adrián es un antiguo alumno mío. Su madre lo enseñó desde pequeño a cocinar. Siendo ya adolescente, cuando sus padres salían un fin de semana,  él y su hermano mayor se preparaban la comida solitos, por cierto muy buena. También la preparaban algunos días de diario cuando los padres andaban apretados de horario,...además sacaban la basura, limpiaban su cuarto, etc.  Adrián no tuvo ningún problema en dar el salto a Suecia , donde lleva viviendo y trabajando más de diez años sin que se le conozca ningún trauma.
  • Felipe solucionó de raíz la pereza de su hijo al levantarse por la mañana. Una mañana, con trece años, le derramó un vaso de agua en la cara después de 5 avisos. Su hijo ya se levanta solo cuando oye el despertador y llega puntual al colegio.
  • Esta es de hace tiempo. Ahora estaría muy mal vista y podría ser motivo de despido disciplinario -enseñanza privada- , o suspensión de empleo y sueldo  -en la enseñanza pública- del protagonista. Un compañero, harto de la pereza de un alumno al levantarse, -estábamos en una actividad fuera de la ciudad durante varios días-, le pegó un tirón de la manta y lo empujó levemente hasta que salió por el otro extremo de la cama. Al final de la actividad el niño se levantaba solo y sus padres no presentaron ninguna queja, al contrario, le agradecieron que hiciera por su hijo lo que ellos eran incapaces de hacer.
  • Cuento el último caso. En este el protagonista es un conocido y prestigioso profesional a nivel nacional. Su hijo adolescente le daba problemas que intentaba corregir de la mejor manera posible. Cuando cumplió los 18 años se negaba a obedecer y cumplir normas básicas de la casa, que permitían la convivencia sana y pacífica. En varias ocasiones le decía que se iba a marchar de la casa y en una de ellas el padre le tomó la palabra, le asignó una pensión de 600 euros que tenía que administrar para mantenerse por si solo, fuera del hogar -pagar un alquiler, alimentarse y vivir- y a la madre le dijo que cuando viniera de visita a casa no le negase la entrada, le diese sus besos y cariños, pero que se fuese con las manos vacías. El hijo volvió a la casa al año con el compromiso y la aceptación de las normas de sus padres y poniéndose las pilas en los estudios. Hoy en día es un buen profesional y derrocha cariño por sus padres.


No me voy alargar describiendo el sentido y los efectos positivísimos de todo lo anterior. Ya lo he reflejado en este blog. Os remito a una de las entradas a la que podéis acceder pinchando en el siguiente enlace  http://goo.gl/5evfcQ

También hay que decir que no es necesario ser drásticos si hacemos las cosas a su tiempo y remando -los dos padres- en la misma dirección.

He encontrado dos vídeos que añaden un poco de humor al artículo y, de paso, nos ayudan a descender al detalle,  a relativizar y desdramatizar. Son estos



Termino, como siempre, con una frase. En esta ocasión de Aristóteles:

"Las raíces de la educación son amargas, pero los frutos son dulces"

José Antonio de la Hoz