Los consultores son gente muy
preparada sobre una determinada materia. Los altos ejecutivos los llaman para
buscar consejo, en forma de informe, sobre un problema o para formar a parte de
su plantilla y otros menesteres. Pues bien, Pilar Jericó es una reputada consultora y conecté con lo que
escribe por su prestigio. También por lo que dice sobre el “miedo como freno
del desarrollo personal”.
Encontré un artículo suyo en
el País, el 6 de abril de 2013, y aquí lo recojo literalmente, entrecomillado.
Solo cambio el formato para facilitar el acceso a las ideas a los/as que leáis
en diagonal.
Es de aplicación a padres,
profesores y alumnos, porque todos necesitamos ver la botella medio llena, para
crecer.
“El optimismo, la mejor
crema antiedad
Por: Pilar Jericó | 06 de abril de 2013
Si queremos ser más longevos, tenemos a nuestro alcance
un pequeño truco: ser más optimistas. Así lo demostró la clínica Mayo, una de las más prestigiosas de Estados
Unidos, después de estudiar a 839 pacientes. Aquellos catalogados como
optimistas vivían por término medio un 20% más que los encuadrados en el bando
del pesimismo, además de disfrutar de una mejor calidad de vida. No está
nada mal como argumento publicitario para una crema interna antiedad.
Ahora bien, más de uno puede pensar que el optimismo es una cuestión genética y
que si hemos crecido en una familia pesimista, poco podemos hacer. Si alguien
lo opina, me temo que está equivocado. Martin Seligman, padre de la Psicología Positiva, después de varias décadas estudiando
el optimismo afirma que sólo en un 25% de los casos responde a factores
hereditarios... ¡Lo que significa que en un 75% depende de nosotros! Así
pues, no hay muchas excusas para no ponerse manos a la obra.
El optimista tiene una visión más amable de la
realidad, encuentra oportunidades hasta en
los momentos difíciles y tiene un patrón de respuesta ante las contrariedades
muy claro. Seligman analizó dicho patrón resumiéndolo en dos claves. Veásmoslo.
EJEMPLO:
Piensa en algo que se te da bien como hacer un
informe, realizar un determinado ejercicio o cocinar un plato. Si crees que es algo habitual o que depende de tu esfuerzo fundamentalmente,
tendrás una actitud optimista. Sin embargo, si lo sueles explicar basándote en
la suerte o como algo puntual o excepcional, tu tendencia será más pesimista.
Ahora piensa en algo que no te haya salido tan bien.
Si en este caso crees que es algo coyuntural y que además, puedes actuar en un
futuro para evitarlo, tus rasgos son más optimistas. Un ejemplo de este
tipo de pensamientos es decirse a uno mismo “qué torpe estoy hoy”. No piensas
que siempre vaya a ser así. Sin embargo, el pesimista opina de un modo
contrario. Cree que lo que le sale mal es habitual y podrá decirse cosas como:
“siempre me tiene que pasar a mí todo lo peor” (frase, por cierto, muy manida
en nuestra cultura).
Así pues, el cómo interpretemos nuestra realidad,
nuestros éxitos y nuestros fracasos, nos permitirá quedarnos encerrados en el
pesimismo o por el contrario, ser más optimistas y como consecuencia, más
longevos y más felices. Vale la pena prestar atención a ello.
RECETAS:
- Presta
atención a lo que te dices cuando las cosas no salen como hubieras
esperado. ¿Consideras que es algo
habitual o por el contrario crees que es fruto de una situación que puedes
cambiar? Si
eres más partidario del segundo tipo de pensamiento, ya sabes, acumulas
puntos para el optimismo.
- Si te asaltan
pensamientos pesimistas porque crees que siempre te ocurren cosas
negativas, crea una mesa redonda contigo mismo y rebátete. Todos tenemos
motivos por los que sentirnos satisfechos y de todo se puede aprender. Si
te ha salido algo mal, ¿seguro que es lo habitual? ¿No te están saliendo
bien también otras cosas? ¿podrías evitarlo en un futuro?... Date argumentos de tal peso
que silencies la voz pesimista. Pregunta a amigos o familiares para darte
una visión más amable de tu realidad.
- Repite
los pensamientos optimistas. El optimismo también es un hábito que
requiere frecuencia. Cuanto más lo entrenemos, más posibilidades tenemos
de que se interiorice y llegue a ser automático en un futuro.
FÓRMULA:
El optimista
tiende a pensar que las cosas positivas son permanentes y las negativas,
transitorias y sobre las que puede actuar en un futuro para evitarlas.
PARA ESCUCHAR:
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