Acabo de leer una cita de Martin Luther King que dice lo siguiente: “Si
la tarea de alguien es limpiar las calles, debería limpiarlas como Michelangelo trabajaba sus esculturas, o como Beethoven componía su música, o como Shakespeare escribía sus obras”
El
trabajo, nuestro trabajo, nos asigna un determinado estatus en la sociedad. Los
demás nos miran en función de qué tipo de empleo tenemos. Esto es injusto pero
indiscutible y, en este sentido, no es igual el oficio de un barrendero que el
de un notario. Pero el trabajo también tiene un componente psicológico. Todos
tenemos un juez interior que nos atribuye “una puntuación simbólica”, en
función de cómo llevamos a cabo nuestras tareas, cómo las terminamos, que grado
de exigencia ponemos en su terminación. Es lo que llamamos “autoconcepto”. En
este segundo sentido, el barrendero puede dejar las calles impolutas y el
notario terminar las escrituras con flecos y errores.
El
barrendero puede ser feliz con su trabajo y el notario verse como un perezoso
chapucero. A título personal, he conocido a trabajadores manuales que terminan
excelentemente sus tareas y a profesionales liberales que son auténticos
chapuceros y viceversa. Pues bien es posible que el barrendero sea el
protagonista de un ambiente familiar equilibrado y agradable porque, ya se sabe,
para hacer felices a los demás primero tenemos que ser felices nosotros
mismos. El notario, a pesar de disfrutar de un estatus social envidiable puede,
no obstante, no tener una buena imagen
de sí mismo, lo que le otorgaría un cierto grado de infelicidad y de descontento,
que influye en su entorno y en las personas más cercanas.
Por
este motivo es importante que los padres pongan amor en lo que hacen, tanto
fuera como dentro de casa, porque está en juego su estabilidad emocional y la
de sus hijos. Todos debemos poner empeño en lo que hacemos, cuidando los
pequeños detalles. Así daremos un paso adelante para mejorar esta sociedad, por la vía de los hechos y de la calidad en las relaciones.
No quiero terminar sin añadir que los profesionales de la salud mental hablan del trabajo y del desempeño personal, como una de las fuentes de la propia felicidad.
Muchas
noches me encuentro, antes de llegar a casa, con el camión de la basura.
Siempre pienso que su tarea no tiene precio y su valor social es
incuestionable. Basta con recordar lo que ocurre en las huelgas del servicio
recogida de basura. Por eso, siempre que llego andando a casa les doy las
buenas noches y les dedico una agradable sonrisa
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